Existe ese afán por concentrarnos sólo en los problemas, por quejarnos, por creer que no nos concentramos en ellos, que simplemente vienen solos a la mente. A veces es cierto lo primero, a veces lo último, pero es curioso cómo el sueño muchas veces, no siempre, puede con nosotros y deja dulcemente que querarmos olvidarnos de ellos y que sólo queramos dormir.
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